El poder de la palabra
La palabra haciendo total uso de su dominio, puede ser un arma poderosa, pero a su vez, también puede traernos múltiples dolores de cabeza. A mi haber, llegan cada día, más y más hechos que afirman esta idea.
Al punto exacto al que me refiero es a la forma del hablar y del decir, del arte que se tenía para transmitir mucho, con poco, todo esto recreado en el ámbito de la pareja, del hogar.
Claro, esto ya ha decaído un poco y el uso de la virtud ha mermado completamente de tal forma que hay momentos en los que llego a creer que la retórica fue cosa del siglo XVIII y que en estos momentos actuales, no existe ni por asomo.
¿Ha tenido usted la delicadeza de dirigirse a usted mismo frente al espejo? Y no me refiero a un estado transitorio entre el pleno uso de la razón o el completo desatino, no; refiero a la autorreflexión, la autocrítica, hacia la convivencia de usted y para con su pareja. “Cariño, cuando llegue del trabajo/escuela y me bañe, me gustaría salir contigo a contemplar el atardecer fuera”
