El diluvio
(…) y la escarcha se derritió por el considerable aumento de temperatura, rodando faldas abajo de la montaña mientras los picos se mantenian hostiles y no ablandaban su erguida postura.
Indómito e impasible se manejaba el flujo de las aguas, empapando cuanto tronco o madeja encontraba a su paso y que arrastraba sumiendo en un total hundimiento sin esperanza, sepultado, para salir ya no más, mientras, lo que quedaba de nieve, en un suspiro racista lo cubría todo de blanco…
