Contrariado pero extasiado acudo raudo al encuentro conmigo mismo, más solo encuentro una madeja de pensamientos revueltos esperando ser ordenados.
¿Y si es una huella?
En el onanismo delirante de que me envuelve, intento pasar desapercibido, cruzando los retos que me impone el medio. ¿Será coincidencia que sea cruel la melodía que generan mis ideas? ¿O que me resisto al insensato consumismo desenfrenado diario? Cero tormentos. Todo debe ser para ti, tu que vives en mi. Sólo tú.
Todo fluye pacientemente en el decursar del tiempo mientras me acusan de denso e inentendible, otro drama existencial que sirve de cliché para lo que tiernamente llamo “ensimismamiento”.
De toda mi obra, nunca he sentido el placer de disfrutar de ti, eres nueva y me siento calmado, contento por saber que la rosa que beso, que me contempla, que me desea y que me ama con todas sus fuerzas.
Cuando se empieza mal, que se recomienda, dormir y reordenar las ideas o alguna una experiencia ulterior a esta, un corazón que se enamora demasiado, cuestiones carnales revueltas y la teorización indirecta del juego del amor que se refleja en tu rostro. En este momento debería haberlo hecho.
Y ahí estás, tendida sobre el lienzo, con los colores frescos y deseando besarme.
Es triste. All good things comes to an end. Ya te vienen a recoger.
Diablos, quien me mandó a hacerme pintor.