Instante
Corto, sin estar sujeto a método alguno, jugando displicente por encima de toda ley, o simplemente pasando como arremolinan y arrebatan los acontecimientos al capricho desordenado del viento.
(…) y sucedió todo. En ese momento de relampagueante espiritualidad se reunió toda la fuerza contenida en el aire y en su carne para en un último aliento dar todo de si…
Ambas espadas, teñidas de sangre rodaron por el suelo, sin ruido, como un gemido sordo que casi no se escucha. El enemigo cayó muerto.
Toda la fuerza sucumbió, de golpe las piernas se doblaron, la respiración entrecortada iba calmando su tenso galopar, el aire se cesó, pero aún se escuchaban los silbidos de las espadas danzando, con cada estoque.
No podía aguantar más, él también sucumbió. Sus ojos se cerraron solemnmente en ese momento fugaz en que desciende la grandeza a los pies de los menguados aferrándose a su venturosa suerte.
Rendido, cayó la lluvia sobre él…