Ella
“Ella”, participe de esa virtud mágica de entender la luz con que nacen otros y de la delicadeza de la belleza, esa belleza que ensalza hasta lo más sublime de la creación divina no hizo más que mirar al mar, el cual, firme e imponente, legaba en ella su fuerza e ímpetu propios.
Sentí en ese momento dentro de mí una sensación única, esa armonía clásica e inigualable, ese escalofrío que te dice que no puedes contener tus emociones, que explotas orgásmicamente, todo sometido a la desbordante calidad del alma, de su frescura, de su sensibilidad.
Que palabras resta decir: “Ella” es perfecta.